Maestros/as y Madres/Padres: Tenemos Que Redefinir el Fracaso

Hace algunos meses, decidí participar en un concurso de escritura. Estaba deseosa y esperanzada que el trabajo que estaba produciendo era “bueno” y meritorio de algún tipo de reconocimiento. Pero los resultados no apuntaron a mi favor. Me sentí triste y decepcionada conmigo misma, pues lo primero que pensé fue: “hice un mal trabajo.”

Después de una larga conversa con mi esposo, que es uno de mis más grandes apoyos (y totalmente sesgado del trabajo que realizo, por cierto), me empecé a cuestionar lo siguiente:

  • ¿Por qué me siento como un fracaso?

  • ¿Qué está evitando que pueda ver esto como una oportunidad de aprendizaje?

  • ¿Por qué me está contando aceptar estos resultados sin sentirme de una manera negativa hacia mi misma?

  • ¿Por qué estoy siendo tan dura conmigo misma?

  • ¿Por qué este “fallo” o “fracaso” pesa más que todos los éxitos que he tenido?

Creo que mucho se traduce a la forma en la que veo el fracaso: como algo estático, definitivo, y una métrica personal de mi talento, esfuerzo, y desempeño. Cuando, de acuerdo a la genial Carol Dweck – creadora del término “growth mindset” (o perspectiva de crecimiento) – debería poder verlo como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento.

Y esto me hizo pensar mucho en nuestros pequeñitos y pequeñitas. La forma en la que ven el fracaso y cómo podemos ayudarle a crear una perspectiva un poco más sana sobre lo que esto significa.

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¿Qué es una perspectiva de crecimiento?

De acuerdo con Carol Dweck, quien ha realizado exhaustiva investigación sobre el impacto de esta mentalidad en los y las estudiantes, una perspectiva de crecimiento es creer que la inteligencia es un proceso. En lugar a lo que hemos conocido tradicionalmente, que veía a la inteligencia como algo fijo, estático y sin posibilidad de ser alterada – la perspectiva de crecimiento se fundamenta en una creencia que siempre hay espacio para mejorar. Y esto, ha mostrado tener un efecto importante en la motivación de las personas.

De la misma forma, el fracaso no es visto como algo permanente o fijo, y Carol Dweck introdujo una palabra mágica que ha logrado poner todos estos conocimientos en práctica: “todavía”. La Dra. Dweck explica que introducir esta palabra en nuestros vocabularios ayuda significativamente a ejercitar esta mentalidad o perspectiva. Por ejemplo, en lugar de decir, “no soy bueno en las multiplicaciones matemáticas” es mejor decir “no sé multiplicar en matemáticas… todavía.”

Esta palabrita mágica – “todavía” – abre el espacio para que los niños y niñas (así como adultos y adultas) se traten a sí mismos/as con compasión. Un fracaso o un resultado desfavorable – más allá de definir quiénes somos, nuestra inteligencia, nuestro talento y habilidades – nos dan una oportunidad de re-dirigir y explorar nuevas opciones para fortalecer aquellas habilidades que necesitamos mejorar.

Cómo podemos redefinir el fracaso en los niños y las niñas

Como en la mayoría de las lecciones emocionales que les damos a nuestros pequeños y pequeñas, una gran parte de esta redefinición tiene que ver con uno mismo. Preguntarnos qué significa el fracaso para nosotros y nosotras – como adultos y adultas – así como cómo lo manejamos, nos puede dar una mejor idea sobre nuestras ideas preconcebidas sobre este concepto y así mejor ayudar a los niños y las niñas. Nos permite usarnos a nosotros y nosotras como ejemplo al momento de abrir esta conversación, usando la auto-revelación como un arma poderosa.

Otra forma es prestar atención a los mensajes que hacemos en relación con el éxito y el fracaso:

  • ¿Qué lenguaje usamos cuando hablamos sobre éxito? ¿Cómo nos dirigimos hacia los niños y las niñas que han tenido resultados favorables y frente a los que han tenido resultados desfavorables?

  • ¿Cómo reaccionamos ante las fallas o fracasos de ellos y ellas?

  • ¿Nos encontramos celebrando éxitos y penalizando fracasos? ¿Le adjudicamos un valor emocional al fracaso?

Estas preguntas nos ayudan a estructurar la forma en la que nos aproximamos a estos temas con nuestros niños y niñas. Y nos ayudan a cambiar mensajes como “malas notas o calificaciones”, “mal comportamiento”, “es de los peores de la clase”, “saca las peores calificaciones”, entre otros. Es mucho más productivo decir “es el que más necesidades tiene en X área”, “está manifestando un bajo desempeño”, “no ha llegado a los objetivos… todavía”, o incluso “vamos a ayudarlo a mejorar en esta área en particular.”

Usar estas frases, por más pequeño que parezca, es una forma tangible de enviar un mensaje más sano a nuestros niños y niñas sobre lo que significa el éxito y el fracaso. Más importante aún, podemos fomentar en ellos una visión de estos resultados como algo externo, que no los ni las define. Y si es algo externo, es algo que se puede trabajar y mejorar. Porque en vez de decir “no he logrado X o Y meta”, es mucho más optimista decir “no he logrado X o Y meta… todavía.”

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