Hablemos Sobre Acoso Escolar: Cuando Tu Hijo/a Es Quien Agrede

Hace unos meses dicté una conferencia para madres y padres en un colegio e hice la siguiente pregunta: “si yo les dijera que, en una situación de acoso escolar, la persona que agrede y la víctima vienen del mismo lugar emocional, ¿me creerían?” Las madres y los padres me miraron extrañados, casi diciéndome: “pero Mariana, eso no hace sentido.” Pero una sencilla explicación ayuda a entenderlo:

si yo me siento pequeño/a e inseguro/a – y eso me molesta – lo que haré es hacer a otra persona sentirse pequeño/a e inseguro/a para que yo pueda sentirme un poco más grande

Cuando hablamos sobre el acoso escolar, usualmente dirigimos nuestros esfuerzos hacia la prevención o hacia el tratamiento de la víctima – lo cual es importante – pero poco sobre el niño/a que agrede. Cuando nos cuentan las historias de acoso escolar, solemos sentir enojo o resentimiento hacia el agresor, en lugar de sentir empatía. Señalamos y decimos lo/a “mal(a)” niño/a que es, cuando quizás podríamos lograr mucho más preguntándonos, “¿por qué se comportará de esa manera? ¿qué necesidad tiene ese niño/a en particular que le motiva a comportarse así?”

Recibir esa llamada del colegio

En la serie ganadora de los premios Emmy, Big Little Lies (basada en el libro bajo el mismo nombre de Liane Moriarty), Celeste (interpretada por Nicole Kidman) es una mamá que tiene una situación así. Durante toda la temporada, sabemos que alguien está acosando a la hija de una de las otras mamás del grupo. Y, en el final de temporada, conocemos que es Max, el hijo de Celeste, quien lo está haciendo.

Algo que el espectador también conoce es que Celeste es víctima de violencia doméstica, y podemos generar la hipótesis que algo de ese comportamiento agresivo – lo que posiblemente está generando emociones como ansiedad, tristeza, frustración, impotencia – es observado por su hijo, Max, y actuado en sus comportamientos de acoso escolar.

Pero algo muy hermoso sobre esto es la forma en la que Celeste decide reaccionar:

  “no pasa nada, todos hacemos cosas que no son tan buenas a veces, y yo te puedo ayudar con eso, pero tienes que ser honesto conmigo”

“no pasa nada, todos hacemos cosas que no son tan buenas a veces, y yo te puedo ayudar con eso, pero tienes que ser honesto conmigo”

Las emociones que una madre o un padre siente cuando escucha que su hijo/a está acosando (verbal, emocional o físicamente) a otro compañero/a de clase son intensas y variadas. Incredulidad, escepticismo, enojo, vergüenza, culpa, tristeza, decepción – son algunas de las más prominentes. Y es normal sentirse de esa manera. Sin embargo, con frecuencia las madres y los padres actúan desde esta gran intensidad emocional: regañan, critican, llaman la atención, gritan, entre otras. ¿Cómo pueden manejar mejor esta gran activación emocional?

Haciendo espacio para la empatía

Así como en el caso de Max, los niños y niñas que agreden lo hacen por alguna razón. Quizás por alguna inseguridad emocional, porque están actuando algo más que ocurre en casa o en el colegio, para llevar atención a algún comportamiento, u otra razón. Un estudio publicado en la revista Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, encontró que “ser acosado (víctima) así como acosar a otras personas (agresor) están asociados con dificultades actuales y futuras de salud mental.”

Por eso mi comentario mencionado en la conferencia que mencioné más arriba: ambos provienen del mismo lugar emocional. Y si generamos empatía con la víctima, ¿por qué no hacerlo con el niño o niña que agrede, también? Quizás es justamente lo que necesita para generar un cambio. Por esta razón, es importante crear consciencia sobre las emociones que uno/a mismo/a – como madre o padre – está sintiendo, para no actuarlas al momento de conversar con su hijo/a.

Algunas frases que se pueden compartir con el niño/a que agrede son:

  • “Que te hayas comportado mal o hayas hecho cosas malas no significa que eres malo”

  • “Vamos a encontrar una manera de ayudarte a comportarte mejor con las demás personas y lo haremos juntos”

  • “Estoy aquí para apoyarte y que juntos salgamos de esto”

  • “Vamos a ir donde alguien que te ayude a poner en palabras todo lo que estás sintiendo”

  • “Te puedo ayudar pero tienes que ser honesto/a conmigo siempre”

Intentar ver más allá del comportamiento

Es de vital importancia acudir a un profesional de salud mental especialista en estos temas y esta población apenas uno/a escucha que su hijo está agrediendo a alguien más. No solo es lo correcto, es lo responsable. En terapia, se pueden trabajar todas esas emociones fuertes que están impulsando al niño/a a actuar de esa forma.

Lo más importante es abrirse a la posibilidad que el comportamiento es posiblemente un síntoma de algo más intenso y fuerte que podría estar ocurriendo emocionalmente. Y el niño/a que no conoce sus herramientas emocionales y no las ha desarrollado, tendrá una mayor dificultad de canalizar y manejar apropiadamente estas emociones tan intensas.

Es nuestra tarea, como adultos, apoyar y alentar al cambio. Y, aunque es importante prestar atención al comportamiento y establecer los límites necesarios, es igual de importante prestar atención a su mundo emocional.

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