4 Mitos Sobre la Educación Sexual

Hace algunas semanas, lancé dos charlas para padres. Una dirigida a madres con sus hijas adolescente sobre estrategias para enfrentar (y abrir un diálogo) sobre acoso sexual; y, uno dirigido a madres y padres con hijxs de todas las edades para explicarles cómo se habla de consentimiento. Yo estaba casi segura que nos iba a ir genial. Mucha gente se entusiasmó, muchxs madres y padres me dijeron que se veía increíble y que estaban deseosos de participar. Pero, eso no pasó. Reservaron dos personas. En total. Y nos vimos forzadas a cancelarlos. 

Al inicio de mi carrera como psicóloga, me tomaba estas cancelaciones de manera muy personal. Me decía a mi misma que qué estaba haciendo mal, si el contenido no era bueno, y hasta llegué a cuestionar mi propio manejo de la temáticas. Y quizás alguno de esos factores influyó, pero después de mucho análisis creo que hay un tema que sobrepasó todas las demás cosas: la educación sexual preventiva no es una prioridad. 

Y, más preocupante aún, existe mucha confusión en relación con el tema. Así que, vamos a intentar aclarar algunos de estos mitos con la herramienta más poderosa que poseemos: información. 

Mito #1: La educación sexual es para explicarle a la niña cómo tener sexo. 

Muchxs madres y padres han expresado su temor a hablar de educación sexual porque se cree que el mismo trata solamente del acto sexual. Y, no podrían estar más alejados de la realidad. Porque la educación sexual también abarca un término importante que es inherente a los seres humanos: la sexualidad. 

Según Planned Parenthood, una de las fuentes más confiables y el proveedor más grande de educación sexual en Estados Unidos, la educación sexual "ayuda a a las personas a obtener la información, las herramientas y la motivación necesarias para tomar decisiones saludables sobre el sexo y la sexualidad."

A su vez, y según la Organización Mundial de la Salud (OMS), "la sexualidad es un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales." 

De esta forma, la educación sexual abarca todo un compendio de elementos complejos que son naturales al ser humano. Es la manera en la que nos relacionamos con nuestro cuerpo, cómo nos identificamos o no con nuestro género y - por consiguiente - cómo nos relacionamos con las demás personas, cómo expresamos el afecto, entre otras. Las relaciones sexuales son una parte del currículum - por así decirlo - de la educación sexual. Y sí, es importante que tu hijx aprenda sobre esto en algún momento de su vida. Pero como todo, cada cosa tiene su tiempo. Lo que nos lleva al siguiente mito. 

Mito #2: Yo hablaré con mi hijo de educación sexual cuando sea adolescente.

Ya establecimos la definición de educación sexual y entendimos que comprende la sexualidad - un concepto que es parte del ser humano desde el nacimiento. Es más, según Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, la sexualidad es un componente vital y la forma en la que la vivimos se convierte en el fundamento de la manera en la que nos relacionamos con las demás personas. Entonces, yo pregunto, ¿no deberíamos entonces estar enseñando educación sexual desde el inicio de la vida? 

Si vamos construyendo una conversación sana alrededor de la sexualidad desde que son pequeñxs, se torna en una temática que fluye con naturalidad y minimiza (porque es imposible eliminar por completo) esa incomodidad adolescente de recibir "la charla". Esta conversación puede incluir: el manejo, amor y respeto por el propio cuerpo y el de los demás; nombrar las partes del cuerpo y sus funciones sin vergüenza ni tabú; enseñar a respetar y a distribuir las manifestaciones de afecto de manera apropiada (que es el precursor del consentimiento); y reconocer y respetar la curiosidad sana que tengan lxs niñxs acerca de su cuerpo

Mito #3: Si hablo de educación sexual, le estoy dando a mi hija permiso para tener relaciones sexuales. 

A mi me parece algo irónico escuchar esto de lxs padres: "no quiero que le hablen de educación sexual a mis hijxs porque no quiero que tengan un embarazo precoz" - cuando realmente, una educación sexual comprensiva intenta justamente prevenir esto. Creánme cuando les digo que quienes abogamos para que la educación sexual sea accesible a nivel regional queremos evitar embarazos precoces - que, por cierto, en Panamá se registraron 9,912 casos de embarazo adolescente en el 2017. Y, con este mito, me permito utilizar cuánta evidencia sea necesaria. 

En el 2003, UNICEF enfatizó que para maximizar los esfuerzos preventivos de VIH/Sida, los gobiernos deberían "abstenerse de censurar, retener o intencionalmente tergiversar la información relacionada con la salud, incluyendo la educación sexual y su información". Un estudio del 2008 publicado en el Journal of Adolescent Health, mostró que quienes reciben una educación sexual comprensiva eran menos probables a reportar embarazos precoces, que aquellos que no recibieron educación sexual. En el 2015, un estudio publicado en el International Perspectives on Sexual and Reproductive Health, encontró que una educación sexual que incluyera género y dinámicas de poder disminuyó de manera significativa las enfermedades de transmisión sexual y el embarazo adolescente (así como la violencia de género, acoso sexual y abuso sexual).  

Hablar de educación sexual es hablar de opciones; es hablar de responsabilidades y riesgos; y, es hablar con honestidad. De nuevo nos referimos a lo mencionado anteriormente: si hemos establecido una base sólida con nuestrxs hijxs alrededor de este tema - sin vergüenzas, tabües, prohibiciones o creencias sin evidencia empírica - todo esto se vuelve más fácil a medida que crecen. Y, si nos vamos al núcleo de este mito, la realidad esque lxs madres y padres no estarán presencialmente con sus hijxs en los momentos en que estén contemplando tener relaciones sexuales. Pero, cualquier información que les hayan dado les ayudará a tomar decisiones más fundamentadas y responsables en relación con el tema. 

Mito #4: La escuela es para estudiar, esto se lo enseño yo. 

Sí, la educación sexual empieza en casa (y espero que si has llegado a leer hasta acá hayas terminado esta frase con "...y desde pequeñxs"). Pero, la escuela también ofrece un espacio importante para abordar esto - siempre y cuando haya contado con el apoyo y entrenamiento necesario para hacerlo por parte de otros profesionales de la salud. En California, por ejemplo, lxs estudiantes de cuarto grado reciben información sobre maneras de comunicarse con padres, los mitos de la pubertad y maneras para enfrentar este momento importante de su desarrollo. 

Un reciente estudio del 2017 publicado en el American Journal of Sexual Education, descubrió que adolescentes y sus padres discrepan en lo que se abordó en esa "conversación" sobre la sexualidad. ¿Quién no recuerda esa conversación y lo incómoda que fue? (La mía me la dio mi mamá en un tranque en Calle 50, por cierto). Los resultados de este estudio apuntan a mi sugerencia: la escuela debe fomentar (y apoyar) la comunicación abierta entre madres/padres y adolescentes en su guía de educación sexual. El colegio, los padres, y otros profesionales de la salud son un equipo, y en este tema en particular, es importante que ambos puedan apoyarse y consultarse en caso de necesitar ayuda. 

El ser humano es cambiante y dinámico. Lo que a una le enseñaban cuando tenía cinco años es drásticamente distinto a lo que nos enseñan cuando tenemos 25 años. Pero con la educación sexual, debe ser un camino que se edifica poco a poco, pero siempre con constancia y consistencia. Una educación basada en respeto, en el que se da apertura para la curiosidad y las preguntas, y que se enseña desde temprano. Si no te sientes cómodx con la temática, busca ayuda e ínformate, o busca a algún profesional que te apoye (APLAFA está haciendo una labor importante de psicoeducación en sus redes sociales).  Si tú no decides qué se le habla a tu hijx sobre educación sexual, alguien más lo hará.