Cómo (NO) Hablarle a tu Hija de su Cuerpo

Mi relación con mi cuerpo siempre ha sido complicada, por no tener un mejor término. Siempre he luchado con alcanzar los "ideales de belleza femenina". He pasado por dietas, ejercicio, membresía de gimnasio, clases de artes marciales, etc. Tú nómbralo, y yo lo he intentado. Solía creer que mi valor dependía de la manera en la que me veía físicamente y yo necesitaba verme como las estrellas que salían en mis revistas Pop Star, Teen Vogue y Tú. 

Pero con todo y las dificultades que enfrenté al crecer en relación con mi cuerpo, siempre fui afortunada de tener el apoyo de mi mamá. Ella siempre ha sido lo más respetuosa posible sobre mis decisiones y mi cuerpo — nunca insistió en que yo probara una dieta, a menos que yo lo sugiriera primero. Como adulta mirando hacia atrás, ahora reconozco que su silencio — con frecuencia — no era más que una manera de enmascarar el dolor que sentía de no saber cómo ayudarme a sentirme mejor. 

Una auto-imagen negativa puede poner a niñas jóvenes en riesgo de desarrollar dificultades con su autoestima, trastornos alimenticios, síntomas depresivos y un afecto negativo. Y, mientras los medios y la presión de grupo juegan un rol importante en el desarrollo de la auto-imagen, los estudios apuntan a que las madres juegan un gran papel en la manera en la que las jóvenes desarrollan su imagen corporal. 

Es por esto que, como psicóloga especialista en niñas y adolescentes, estoy convencida que una conversación saludable sobre imagen corporal, entre madres e hijas, puede ayudar a las niñas pequeñas — como yo a los 7 años — a reclamar su auto-valor.  Pero, ¿qué deben decir las madres? Y, más importante aún, ¿qué no deberían decir? 

Mírate bien en el espejo. 

Antes de empezar una conversación con tu hija sobre imagen corporal, presta atención a tu propia relación con tu cuerpo. ¿Es saludable? ¿Te dices mensajes positivos a ti misma cuando te ves en el espejo? ¿Dónde ubicas tu auto-valor? ¿Cómo está tu autoestima? ¿Cómo describirías tu propia imagen corporal? Esto es importante porque — en las icónicas palabras de RuPaul — "si no te amas a ti mismx, ¿cómo podrías amar a alguien más?"

 

Estudios han demostrado que las madres que tienen mayor internalización de la presión de los medios acerca de estándares de belleza, estaban en mayor riesgo de criar a hijas con patologías alimentarias. Adicional a esto, la evidencia demuestra que la comunicación materna sobre su propia aperiencia está relacionado con una pobre imagen corporal en sus hijas. 

Cuando ves la evidencia, no es sorprenderte darte cuenta cómo las perspectivas personales de las madres sobre imagen corporal, sirven como un modelo para sus hijas. Como niñas pequeñas — tan temprano como la edad de tres años — observan y escuchan a las narrativas de sus madres sobre sus cuerpos, ellas interpretan e introyectan estos mensajes como algo normal. Por ende, incrementando el riesgo de desarrollar una relación poco sana con sus propios cuerpos. 

Refuerza la calidad de sus cuerpos, más que la cantidad. 

¿Alguna vez te has sentido particularmente orgullosa por alcanzar una meta física? ¿Como correr tus primeros 5K o finalmente lograr esa pose de yoga que tanto te ha costado? Imagina sentir ese orgullo por tu cuerpo todos los días. Imagina extender y ampliar ese valor, y hacer de esa fortaleza el epicentro de tu autoestima y tu auto-valor. 

emma-simpson-153970-unsplash.jpg

Como mujeres, somos forzadas a redefinir nuestra identidad a medida que nos confrontamos con una serie de cambios biológicos. Nuestros cuerpos son lo suficientemente fuertes para cargar una vida dentro de ellos. Suficientemente fuertes para producir el único alimento que nuestras hijas necesitan para sobrevivir. Y, suficientemente fuerte para alcanzar cualquier objetivo físico que nos propongamos. ¿Por qué, entonces, nos limitamos a nuestro aspecto físico?

La presión de la sociedad y los estándares de belleza nos han enseñado que tenemos que reducir nuestro valor a un plano físico. Hemos aprendido a minimizar nuestras expresiones de amor propio, basándonos en el número que aparece en la pesa. Cuando en realidad, deberíamos sentirnos orgullosas y empoderadas acerca de todo lo que podemos lograr con nuestro cuerpo. Una imagen corporal sana es justamente eso: aprender a amar tu cuerpo físico por como es, y reconocer y maximizar la fortaleza potencial que puede alcanzar. 

Promueve un abordaje de bienestar a través de la dinámica familiar. 

Un estudio reciente publicado en el journal of Feminism & Psychology identificó una variedad de estrategias que madres pueden usar para promover una autoimagen saludable en sus hijas. Dentro de estas estrategias, los autores recomiendan cambiar el foco de la comida, tamaño del cuerpo y pérdida de peso a tomar decisiones más sanas. 

toa-heftiba-422025-unsplash.jpg

Cuando nos volvemos más conscientes de nuestra propia relación con la comida y nuestro cuerpo, podemos trabajar activamente para construir un ambiente sano en la vida de nuestra hijas. Algo tan sencillo como cambiar la forma en la que las madres expresan acerca de comer saludable. Por ejemplo, cambiar el foco de pedir una comida para "perder de peso" a "porque sus nutrientes son buenos para nuestro cuerpo". 

El bienestar es mucho más que nuestro tamaño o nuestra ingesta de azúcar. Es acerca de salud mental, también. Y un tema tan complejo como imagen corporal, auto-valor y autoestima — la salud mental y física van de la mano. Cuando las madres están más abiertas a reconocer la manera en la que se tratan a ellas mismas, la manera en la que conectan y fomentan una relación saludable con sus hijas — así como el mensaje que mandan a sus hijas sobre sus cuerpos y su auto-valor — marcan el paso para que las mujeres jóvenes florezcan.

Veinte años después, puedo decir con honestidad que aunque mirarme en el espejo a veces me hace sentir vergüenza, es una batalla que intento ganar. Todos. Los. Días.

Este artículo fue publicado originalmente en Ravishly.