La Autorrevelación: El Ingrediente Secreto de la Crianza

En mi experiencia como psicóloga infantil, es realmente maravilloso presenciar los "momentos ajá" que las madres y los padres atraviesan. Particularmente, cuando juntos descubrimos las razones detrás de las dificultades emocionales de sus hijos o hijas  (como ansiedad, o baja tolerancia a la frustración) y su respuesta es: "wow, yo era exactamente así cuando era pequeña/o." 

Inmediatamente después de esa respuesta, les animo a compartir este auto-descubrimiento con su hijo/a. ¿Por qué? Porque creo firmemente que la autorrevelación ayuda a fortalecer el vínculo entre madres/padres e hijos/as. Les enseña a los niños y a las niñas - desde una edad muy temprana - que las madres y los padres son seres humanos, quienes también tienen sus propias luchas y no tienen todas las respuestas. La autorrevelación es una poderosa herramienta que no solo hace que las madres y los padres sean personas fáciles para identificarse - pero también ayuda a que los niños y las niñas se vuelvan más conscientes de su historia familiar. 

¿Pero cuánta autorrevelación es necesaria? ¿Cuándo es apropiada? ¿Qué temas deberían reservarse para qué edades? A continuación mis temas recomendados para practicar autorrevelación con tus hijos e hijas. 

Un historial familiar de enfermedades médicas o condiciones de salud mental

Cuando aplicas a un nuevo trabajo, pides un seguro médico, o te haces un exámen médico de rutina, hay una pregunta que siempre te harán: ¿cómo se ve tu historial familiar médico? No es hasta que llegué a la Universidad que pude contestar esta pregunta, porque el mensaje de alejarme de los dulces debido a mi predisposición genética al diabetes no fue una conversación que tuve hasta ya mayor. 

Pienso en cuán diferente sería mi relación con la comida (y los dulces, que son mi talón de Aquiles), si hubiese sabido esto antes. En retrospectiva, creo que hubiese hecho más sentido saber que no debía comerme mi quinta Oreo por esa predisposición vs. a porque tiene mucha azúcar. Lo mismo aplica para otras enfermedades médicas que pueden tener un impacto genético en futuras generaciones - cáncer, cardiopatía, obesidad, ovario poliquístico, asma, alergias, entre otras. 

Como sociedad, pareciera que estamos más cómodas/os hablando sobre enfermedades médicas que aquellas mentales, pero las últimas son igual (si no más) importantes en revelar a tus hijos/as. Estudios han mostrado cómo la predisposición genética juega un factor importante en condiciones mentales como la depresión, ansiedad, trastorno bipolar, desórdenes de personalidad, trastornos alimenticios, entre otros. 

Cuando somos conscientes que nuestro historial familiar incluye una o más de las condiciones mencionadas anteriormente, podemos empezar a desarrollar una manera más sanas de prevenirlas. Podemos realmente escuchar los mensajes que nuestros cuerpos envían y usar esos mensajes como una manera de tomar decisiones más inteligentes. Enseñarle esto a los niños y a las niñas - lo más temprano posible - ayuda a hacer de la prevención algo mucho más importante y práctico. 

Un historial familiar de uso de alcohol y/o drogas 

El Consejo Nacional de Alcoholismo y Dependencia a las Drogas (NCADD, por sus siglas en inglés), señala que "numerosos estudios científicos han revelado que la dependencia del alcohol y las drogas corre en la familia." La predisposición genética e historial familiar juegan un rol importante en el desarrollo de alcoholismo o abuso de drogas. Por eso es que la mayoría de las charlas usan el conocimiento de la historia familiar como el centro de la conversación. 

La razón por la cual esto se hace es para ayudar a los y las adolescentes tomar decisiones más inteligentes cuando se enfrentan a tener que elegir sobre drogas y alcohol. Para ayudarlos/as a pensar y preguntarse a sí mismos/as - ¿cómo reaccionará mi cerebro a esto? ¿Cómo reaccionará mi cuerpo a esto? ¿Qué pasa si - tal como mi mamá/papá/abuelo/tía/hermano - no sé cómo ni cuándo detenerme? Este es otro buen ejemplo de cuándo usar la autorrevelación. Más que tan solo darles mucha información, es abrir el espacio para que sean curiosos/as sobre su historia y cómo va a impactar las decisiones que toman. 

Un historial de dificultades sociales, emocionales y/o de aprendizaje 

Es realmente impresionante ver cuán poderosa es una historia en común en la respuesta emocional de un hijo o una hija. Cuán aliviantes son escuchar las palabras: "yo también me he sentido así." Sus ojos brillan y - sin mencionar ni una palabra - le ruegan a su madre/padre o cuidador/a primario que les comparta esa historia. Compartir una historia sobre cómo una mamá también se sentía ansiosa antes de ir a una fiesta del colegio, por ejemplo.  O, contarle acerca del bully con quien se tenía que enfrentar diariamente. O, sobre la dificultad de mantener amigas. O, sobre tu dificultad de lectura que luego descubriste que tenía un nombre: dislexia. 

"¿Qué hiciste? ¿Qué pasó después? ¿Siempre te sentiste así?" - son algunas de las preguntas que pueden empezar a hacer. Y, una vez que los niños, niñas, pre-adolescentes o adolescentes se sienten en la suficiente confianza de hacer estas preguntas: ¡lo conseguiste! Te están prestando atención. Te están escuchando. Y cuando esta confianza ocurre, los padres y las madres son capaces de establecer las bases para tener conversaciones más complejas e importantes en el futuro. 

Cuando invitamos a nuestros/as hijos/as a tener una conversación abierta, transparente y honesta sobre estos temas - donde aprenden sobre mitos y realidades de las condiciones, formas en las que se pueden proteger, a identificar posibles desencadenantes, y más importante por qué deben actuar de manera preventiva - estamos invirtiendo en prevención primaria. 

¿Cuándo se deben tener estas conversaciones? 

La profundidad de estas conversaciones pueden desarrollarse a medida que los niños y las niñas se vuelven adolescentes, pero el objetivo principal es que se conviertan en sus propios defensores. Que empiecen a ser sus propios agentes de cambio, que es crucial para su bienestar socioemocional. Están aprendiendo de primera mano lo que la autoeficacia significa. 

Los niños y las niñas empiezan a utilizar la lógica en su pensamiento alrededor de los 7 años, que se convierte en una buena edad para empezar a introducir estas conversaciones. Durante la preadolescencia, ya pueden empezar a formar su propio juicio moral y a entrelazar las historias que escuchan en casa con su. Si estas bases se fundamentan a estas edades, las conversaciones más ricas se pueden dar durante la adolescencia - que serán mucho más fáciles con las bases bien fundamentadas. 

La autorrevelación no es fácil para nadie, pero es una parte necesaria de la crianza. No solo fortalece la relación entre madres/padres e hijos/as, sino que les permite a los niños y a adolescentes a ganar más autoconsciencia. Y cuando hay más autoconsciencia, hay más posibilidad de tomar decisiones más inteligentes. 

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