¿Por Qué la Psicoterapia es Tan Poderosa?

Cuando estaba estudiando la licenciatura en Psicología, me enamoré de todas las clases y todo el conocimiento nuevo que iba ganando. Excepto una: las neurociencias. Quizás por la forma en la que se me enseñó, quizás por que no la entendía tan bien, o quizás porque no podía contextualizarla en lo que yo quería hacer al graduarme. Sabía que no quería ser neuropsicóloga, así que, ¿para qué necesitaba a las neurociencias? Muchísimo, luego acabaría de comprender.

Hace algunos años, en una conferencia de Terapia de Juego, me compré un libro que fue el primer paso de mi amor por la ciencia que estudia el cerebro: Being a Brain Wise Therapist por Bonnie Badenoch. En el, la Dra. Badenoch explica –con sencillez y pasión por la increíble capacidad del cerebro– cómo entender y aprovechar este potencial en la psicoterapia.

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Fundamentada en evidencia, la Dra. Badenoch nos explica cómo nuestros cerebros procesan el trauma, por qué reaccionamos de la manera en la que lo hacemos, y cómo podemos ayudar a nuestros pacientes a procesar el dolor emocional. Pero, creo que una de las lecciones más valiosas que me dejó el volver a reencontrarme con las neurociencias es una que restaura el potencial reparador de la psicoterapia. Un concepto hermoso que nos mueve a usar la cura de la palabra:

neuroplasticidad

¿Qué es la neuroplasticidad?

El Dr. Dan Siegel, pionero en el campo de las neurociencias, nos cuenta que la neuroplasticidad es la capacidad que tiene el cerebro de crear nuevas conexiones, nuevas representaciones, y nuevas habilidades. Cuando antes creíamos que el cerebro tenía un límite de crecimiento o se mantenía estable y sin cambio, ahora podemos comprender que no es así para nada. Y, ¡qué alivio saber esto!

Gracias a estos nuevos descubrimientos de la neuroplasticidad, sabemos que podemos aprender conocimientos nuevos y habilidades nuevas a cualquier edad y que nuestros cerebros son lo suficientemente flexibles para incorporar nuestras nuevas experiencias. Gracias a la neuroplasticidad sabemos que un trauma emocional o temprano, tiene posibilidad de recuperación y sanación – si lo manejamos con paciencia y a su ritmo.

Un estudio publicado en el 2016 en la revista Frontiers in Psychology, encontró que los avances de la neuroplasticidad no solo se limitan a las experiencias emocionales, sino también la salud física y bienestar (como lo he comentado en artículos pasados). Pero, ¿qué significa la neuroplasticidad en psicoterapia? ¿Por qué hace de esta práctico algo increíblemente poderoso?

La neuroplasticidad en psicoterapia

La psicoterapia (sin adentrarnos en las distintas formas de trabajarla) es, en esencia, un espacio a través del cual las personas pueden procesar sus experiencias, emociones, y conductas. Con el acompañamiento de un psicoterapeuta formado/a y entrenado/a, pueden ambas personas – tanto paciente como terapeuta – contribuir para reparar heridas emocionales.

A veces, estas heridas son muy profundas y muy tempranas. Inclusive, hasta muy dolorosas para recordar y verbalizar. El o la psicoterapeuta, funciona como una persona que puede proveer:

  • un entendimiento sin juicio de las experiencias que formaron a la persona a ser como es hoy

  • un acompañamiento seguro para explorar esas viejas heridas

  • una perspectiva distinta sobre aquellas emociones muy fuertes

  • una experiencia distinta de una relación, quizás más sana a la que la persona ha tenido

  • un espacio de exploración al ritmo que el o la paciente considere tolerable

La psicoterapia – gracias a la neuroplasticidad de nuestros cerebros – nos dan una segunda oportunidad de ver nuestra historia con unos lentes distintos. De entendernos a nosotras/os mismas/os con ojos de compasión, no de juicio. De humanizar a nuestras experiencias tempranas – como decía mi terapeuta, siempre tan genuina y auténtica – “las cosas no son ni buenas ni malas, son.”

Pero, más importante aún: de crear una nueva historia. De co-crear, junto a nuestros terapeutas, un nuevo capítulo en nuestro libro. Bajo nuestros propios términos. Nuestro propio entendimiento de lo que es sano y lo que no es sano. De nuestros límites. Y dándonos un espacio para una nueva versión de nosotras/os mismas/os.

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Photo by Jacalyn Beales on Unsplash