Reparando Tus Heridas Emocionales a Través de Tus Hijos/as

Recientemente, me topé con un término que no había visto antes: madres y padres bien intencionados, pero desatendidos/as ellos/as mismos/as (WMBNT, por sus siglas en inglés – well meaning, but neglected themselves). Un término acuñado por la Dra. Jonice Webb, autora del libro Running on Empty, que se refiere a madres y padres que no han tenido experiencias tempranas óptimas o agradables. Al contrario, son madres y padres que – cuando pequeños – eran usualmente desatendidos/as o ignorados/as emocionalmente por sus propios progenitores.

Según la Dra. Webb, hay diferentes señales para saber si una madre o padre entra en esta categoría:

  • Te sientes incómoda/o cuando surge cualquier reacción emocional entre tu y tu madre y/o padre.

  • Te sientes decepcionada o desilusionada (o quizás ambas) después de la mayoría de las veces que interactúas con ellos/as.

  • Tu madre y/o padre hace pequeñas cosas que demuestran que realmente no te conocen.

Estas pequeñas señales dan información valiosa sobre el tipo de relación que mantienes con tu madre y padre. Pero, más importante aún, sobre las huellas emocionales que dejaron tus padres en tu salud socio-emocional. ¿Qué pasa cuando aquella persona que debe responder y ayudarte a procesar tus emociones, hace precisamente lo opuesto? ¿Cuando en lugar de sentirte feliz y amado/a, sientes tristeza y/o un vacío al recordar tus momentos más tempranos con tu cuidador/a primario/a?

Cuando las madres y padres son negligentes emocionalmente

Una persona que ha sufrido negligencia emocional es aquella que ha sentido que sus emociones no han sido reconocidas, valoradas, ni procesadas por otras personas. Cuando es una amistad o un compañero del trabajo quienes nos hacen sentir así, podemos procesar el enojo y rápidamente trabajarlo. Pero, cuando son tus cuidadores primarios quienes te han hecho sentir así, eso deja heridas muy profundas que toman tiempo para sanar. Pero, esta reparación sí es posible.

Como bien menciona la Dra. Webb, la infancia temprana o niñez debe servir como un campo de entrenamiento emocional. Nuestras primeras experiencias con nuestras madres y padres nos sirven como una guía de cómo se debe ver una relación. En los mejores casos, nuestra relación con nuestras madres y padres pueden ser un modelo sano de relaciones, uno en el que:

  • Le damos importancia a nuestras emociones

  • Sabes cómo nombrarlas

  • Nos sentimos valorados/as e importantes

  • Nos sentimos escuchados/as

En otros casos, lastimosamente más frecuentes de lo que nos gustaría que existiesen, esa misma relación puede ser un modelo poco sano de relaciones. Uno en el que:

  • No nos hemos sentido ni nos sentimos escuchados/as ni valorados/as

  • No percibimos empatía ni entendimiento por parte de nuestros cuidadores primarios

  • No nos hemos sentido ni nos sentimos apoyados/as emocionalmente para tomar decisiones

  • No nos hemos sentido ni nos sentimos aceptados y amados por quienes somos

¿Cómo afectan estas experiencias cuando nos convertimos en madres/padres?

Si en algún momento has dicho o sentido que te gustaría ser “tan buena madre o tan buen padre” como el que tú tuviste, es probable que hayas sido afortunado/a. Pero, eso no es el caso para todo el mundo. Con frecuencia, he escuchado a adultos/as que van a terapia para justamente no repetir lo que ellos/as han vivido con sus propios/as madres y padres. Tal y como decía Carl Jung:

“lo que no se hace consciente, se hace destino”

Como todas nuestras experiencias tempranas, la clave es hacerlas conscientes. Hacer consciente lo que nos duele, lo que nos lastima, nuestras heridas. Porque si las tenemos conscientes, las podemos trabajar en psicoterapia, acompañados/as por alguien que nos puede ofrecer un modelo más sano y una experiencia distinta de entendimiento emocional que quizás no hemos tenido.

¿Cómo ser una madre o padre suficientemente bueno cuando no hemos tenido esa experiencia?

Si te has sentido identificado/a con este artículo y has llegado hasta aquí, eres una madre o padre suficientemente sano. El simple hecho que has invertido tiempo en querer conocer más sobre esto y querer darles a tus hijos/as una experiencia diferente a la que tú has tenido –más sana, más empática, más llena– es el primer paso de una reparación emocional. De no repetir el modelo de negligencia emocional que quizás has tenido.

La Dra. Webb asegura que lo mejor que puedes hacer por tus hijos/as, para ofrecerles justamente esta experiencia más sana, es trabajar en TI. En sanar TU primero. Para ella, esto funciona porque:

  1. A medida que trabajas en enriquecer y validar tu cajita de herramientas emocionales, le estás modelando esto a tus hijos/as también.

  2. A medida que practicas la auto-compasión contigo mismo/a, puedes mostrarle a tu hijo/a a ser compasivo/a consigo mismo/a también.

  3. Atender a TUS necesidades emocionales es un excelente modelo para que tus hijos/as entiendan que su mundo emocional es importante y válido.

Cuando hemos experimentado la negligencia emocional en nuestras vidas, somos vulnerables a experimentar una emoción increíblemente dañina: la vergüenza. Como bien explica Brené Brown, “la vergüenza corroe es parte de nosotros/as mismos/as que confía que somos capaces de cambiar.”

A ti, madre o padre que me estás leyendo, no te avergüences por quien eres. No eres culpable de tu crianza. No eres responsable de haber sido desatendida/o emocionalmente. No elegiste haber sido desatendida/o emocionalmente. Sí eres digna/o de amor y pertenencia. Sí tienes la capacidad de reparar esas heridas. Sí mereces ser escuchada/o y valorada/o. Sí puedes cambiar el destino familiar y darles una experiencia nueva, sana y humana a tus hijos/as. Lo vales.

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Photo by Bruno Nascimento on Unsplash