La Carga Invisible de las Mujeres: Doméstica, Emocional y Mental

Esta semana estuve conversando en un IG/FB live sobre “La Carga Doméstica” con Maricarmen Plata de Plan B Coaching. (Puedes ver la repetición aquí). Dentro de aquellas cosas que estuvimos conversando, entramos en el tema de la carga emocional y la carga mental. Pero, ¿a qué nos referimos con cada una de estas distinciones?

La evidencia

Un estudio realizado en el 2017 encontró que las madres trabajadoras están más anuentes de las responsabilidades de sus hijas/os que los padres trabajadores. Este mismo estudio encontró que el 63% de las madres (vs. el 19% de los padres) están más dispuestas a proponerse como voluntarias en actividades escolares. Y, que el 71% de las madres (vs. el 38% de los padres) se aseguran que las responsabilidades del hogar estén manejadas correctamente.

La oficina de estadística laboral de Estados Unidos encontró, en el 2015, que las mujeres dedican el doble de la cantidad de tiempo a las tareas domésticas, en comparación con sus contrapartes masculinas. Un estudio publicado en el 2018 encontró que la carga emocional tiene una relación directa con la salud mental: incidiendo el la fatiga o desgaste mental.

Otro estudio publicado por el instituto de Investigación Socio-Económica de Luxemburgo (LISER, por sus siglas en inglés), encontró que si trabajamos en cerrar la brecha salarial, esto podría influir en equiparar la carga doméstica. La hipótesis del estudio es que, si las mujeres tienen un mejor salario, pueden utilizarlo para delegar apropiadamente aquellas tareas domésticas que hoy en día hacen sin recibir remuneración económica.

En fin, la evidencia es abundante que las mujeres tenemos una carga invisible de trabajo no remunerado, que nos está afectando a nivel: social, político, económico y emocional. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de cada una de estas cargas?

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Carga Doméstica

Cuando hablamos de carga doméstica, nos referimos a la desigualdad que existe en relación con las tareas del hogar que ejecutan las mujeres vs. los hombres. Por ejemplo: el cuidado de los niños/as, cocinar, limpiar, lavar ropa, administración del hogar. Se estima que las mujeres invierten el doble de tiempo en tareas de la casa, cuando se compara con los hombres.

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Carga Emocional

La carga emocional fue un término acuñado por la socióloga Arlie Hochschild en 1983 con su libro “The Managed Heart". En él, Arlie describe la carga emocional como “la forma en la que ciertas profesiones exigen un manejo emocional”. Profesiones como aeromozas o cargos de servicio al cliente, por ejemplo, tienden a entrar en esta categoría. En una reciente entrevista para la revista The Atlantic, Hochshild se encargó de desmitificar el concepto de carga emocional que ha ganado creciente popularidad a lo largo de los años. Cuando intentamos controlar nuestra expresión emocional, con el fin de no “molestar” o “causar inconvenientes en otra persona”, nuestra carga emocional aumenta. Esto se ve mucho en escenarios de trabajo, y el rol que tiene la mujer dentro del ámbito profesional. Como su asertividad es vista como amenazante y agresiva, lo que limita significativamente su expresión emocional. Impactando, consecuentemente, su bienestar y salud mental.

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Carga Mental

La carga mental se refiere al famoso “multitasking” que la sociedad glorifica en las mujeres. Se puede evidenciar en actividades como: el constante recordatorio a otras personas de sus propias responsabilidades; la interminable lista de quehaceres de la casa; la carga de la organización de fiestas familiares y sociales; la constante preocupación de los hijos y las hijas y sus tareas escolares; entre muchas otras. La sociedad nos glorifica esta exhausta carga invisible con sus mensajes de “las mujeres lo podemos hacer todo.” Pero, ¿a qué costo? ¿Cuánto de nuestra salud emocional y física estamos dispuestas a comprometer para hacerlo todo?

Estas cargas no aparecen de la noche a la mañana. Conllevan un componente inherentemente histórico y social. Y, es un síntoma de una sociedad patriarcal: aquella que invisibiliza y demerita el cansancio emocional, mental y físico de la mujer. Un síntoma que, a mi parecer, tiene dos curas:

  • A nivel preventivo: En la forma en la que visibilizamos a los padres que trabajan para equiparar las cargas y asumen una co-responsabilidad en la crianza de sus hijas/os; así como la crianza de niños varones que asuman su responsabilidad afectiva y emocional. (De esto hablaremos en un Instagram y Facebook live muy pronto, anótalo en tu agenda haciendo clic aquí).

  • A nivel de intervención: Abriendo diálogos abiertos, respetuosos y claros con nuestras parejas para redefinir estas cargas. Tocando base constantemente y reorganizando nuestras propias relaciones afectivas, con el fin de crear un nuevo plan en común. Al mejor estilo de Maricarmen: un plan B.

Ya está bueno de esas frases sin sentido de “las mujeres lo pueden hacer todo”. Más bien, deberíamos empezar a preguntarnos: ¿deberían las mujeres hacerlo todo? Porque para una sociedad igualitaria, primero un hogar igualitario.

¿Qué piensas de la carga invisible? Cuéntame en los comentarios. ¡Te leo!