5 Lecciones que Aprendí en la Conferencia Regional sobre Igualdad Salarial

Lxs que me siguen hace un tiempo ya, se han dado cuenta que una de mis más grandes pasiones es el feminismo (o más bien, feminismos - pero eso es para otro post). Como mujer, siento que es una lucha que nos beneficia a todas y creo que estamos en un momento trascendental de la historia. Para mi estamos en una nueva ola del feminismo. No sé cómo se llamará, ni lo que logrará, pero estamos en un momento de revolución indudable. 

Es por eso que cuando una hermana feminista me compartió un evento que estaría ocurriendo en nuestro país (Panamá) sobre una conferencia para hablar sobre la igualdad salarial, me anoté lo antes posible.

Mi mamá me preguntó yo qué pintaba ahí - y con justa razón, porque soy psicóloga infantil, o sea que más alejado de mi profesión, imposible. Pero es lo más cercano a mi identidad como mujer y el futuro de mi género en mi país, latinoamérica y potencialmente, el mundo. Así que, con muchas ganas de aprender, me fui con mi hermana para la conferencia, y aquí están las cinco lecciones que aprendí: 

La igualdad salarial no es un tema de mujeres - es bueno para la economía

Feminismo se define como una teoría que aboga por igualdad de género en los planos políticos, económicos y sociales. En el panel inaugural, la Vicepresidenta de la República Isabel Saint Malo de Alvarado, nos decía "la igualdad salarial no es un tema de mujeres para mujeres, es un tema de países para países". Esto es una aclaración que las feministas tienen que hacer con frecuencia a los hombres: el hecho que yo como mujer abogue por los mismos derechos que tú, no significa que tu tendrás menos derechos. 

El Fondo Monetario Internacional (FMI) afirmó en el 2013 que "si las mujeres pudieran desarrollar todo su potencial en el mercado laboral habría significativas ganancias macroeconómica". Esto se extiende también al bienestar socioemocional de la mujer, acceso a mejores oportunidades, así como repercusiones positivas en el cuidado familiar - que es algo intrínsicamente y evolutivamente una tarea de la mujer (y hay que trabajar esta igualdad en casa). 

Hay que redefinir el techo de cristal 

El techo de cristal se define como esa barrera invisible que poseemos las mujeres que no nos permite alcanzar a los mismos puestos de poder que los hombres. Esta invisibilidad que tiene entorpece una verdadera igualdad entre ambos sexos, e impide la erradicación de la brecha salarial.

Por ejemplo, una reciente encuesta hecha a mujeres de Silicon Valley encontró que las mujeres solo ocupan 1 de cada 10 puestos de liderazgo. Y de esas mujeres, el 84% habían dicho que eran "muy agresivas", el 66% percibían que no las incluían en actividades de networking solo por el hecho de ser mujer, y el 60% habían recibido insinuaciones de naturaleza sexual por parte de sus colegas masculinos. 

Si no hablamos de ella abiertamente, no hay posibilidades de luchar contra ella. Y aquí es donde la tarea de nuestros aliados hombres es tan importante, pues el apoyo en esta visibilización puede lograr mejores avances para desaparecer este techo de cristal. 

Sin interseccionalidad, no hay feminismo 

Sara Omi, Presidenta del Consejo General Emberá de Alto Bayano, nos decía que no podemos hablar del empoderamiento de jóvenes mujeres profesionales sin incluir a las jóvenes indígenas. Urenna Best, Secretaria Nacional para el Desarrollo de los Afro Panameños, nos mencionaba que la mujer afrodescendiente - independientemente de su preparación, educación y experiencia - muchas veces no tiene el mismo acceso a las mismas oportunidades laborales que otras mujeres.

Estos testimonios nos dicen que incluso dentro de nuestro mismo género, existen desigualdades. Eso es un hecho. Y si no estamos conscientes que esta es una realidad, no estamos luchando verdaderamente por el empoderamiento de la mujer. A esto se refiere la interseccionalidad, la oportunidad de incluir a la raza, la clase y el género dentro de nuestro discurso. 

Necesitamos a más mujeres en posiciones directivas

En algún momento escuché que la razón por la cual necesitamos a más mujeres en posiciones directivas es porque ellas son nuestra voz para llegar a los altos directivos que realmente hacen un cambio. Nuestra voz para pelear por el impuesto rosado. Nuestra voz para pelear por los femicidios. Nuestra voz para pelear por todas las injusticias de género que ocurren a diario - en nuestro país y alrededor del mundo.

En nuestro país se están realizando prácticas importantes para concretizar esta oportunidad. Panamá forma parte de la coalición mundial igualdad salarial. En el 2017, en Panamá se aprobó la Ley 56 que establece que las juntas directivas de las empresas estatales deben contar con un 30% de mujeres en la totalidad de sus cargos. A su vez, organizaciones como Women's Corporate Directors (WCD) en Panamá ya han estado realizando una labor importante para reconocerse y promover la inclusión de mujeres en las juntas directivas del país. 

Para erradicar la desigualdad de género, hay que empezar en casa

Si pudiese rescatar un tema en común que se tocó a lo largo de todos los paneles es el tema de la crianza. Especialistas, políticxs, abogadxs, mujeres y hombres de la alta gerencia todos abogan por lo mismo: esto no es un tema que se debe abordar a nivel económico solamente, hay que empezar en la casa. Y, en este tema como psicóloga, ¡yo si pinto algo!

Esto abarca desde la manera en la que criamos a nuestros hijxs y los estereotipos que estamos perpetuando que hacen que existan trabajos "feminizados" y "masculinizados". La manera en la que los padres toman responsabilidad en las tareas de la casa, para que realmente logre ser una crianza compartida. La manera en la que le hablamos a los varones sobre sus emociones, y así lograr minimizar los altos niveles de agresiones (y así, sorpresa sorpresa, podemos minimizar el acoso y abuso sexual también).

La crianza es una parte fundamental para una cultura de igualdad de género. 

Esto nos demuestra que los movimientos se están impulsando para garantizar una igualdad salarial y de oportunidades económicas en nuestro país. Pero eso no significa que debemos dejar de alzar nuestras voces. Al contrario, necesitamos seguir hablando y seguir participando las veces que sean necesarias hasta que esto se vuelva una realidad.